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Cuando me preguntaban qué quería hacer de mayor, decía convencido:

¡construir cosas útiles!

Después de un tiempo observándome y tratando de conocerme, sé muy bien que no soy de esas personas que se están fácilmente quietas calentando una silla. Necesito movimiento, probar cosas, enfrentarme a retos, ver que mis esfuerzos tienen sentido y hay coherencia, aunque al final no salga bien. Es en el proceso, en el “mientrastanto”, donde siempre encuentro los tesoros. El resultado puede ser gratificante, pero no siempre es el objetivo. Esto es algo que he aprendido con el tiempo.

Nací en Salamanca. Crecí y estudié en Valladolid. Elegí teleco y, cuanto más recuerdo esa etapa, más claro veo para qué sirvió. He adquirido una capacidad de análisis relevante, pero no me acuerdo de mucho de lo que allí engullí. Lo que he aprendido en este contexto, que es mi mundo profesional, lo he adquirido en gran parte de forma autodidacta, normalmente con influencia de personas apasionadas por lo que hacen. Las cosas útiles que quería construir de pequeño las he hecho de mayor sobre todo con software. Sin embargo, después de muchas experiencias y proyectos, unos más motivadores que otros, muchos de ellos como emprendedor, desde 2016 tomé la decisión de dedicar mi tiempo a las personas, en vez de tanto a las máquinas, considerando la tecnología como una herramienta para un fin, no un fin en sí mismo. Aprovechando mi trayectoria, ahora me dedico a acompañar y conseguir clientes en ASPgems, una empresa tecnológica muy peculiar, pionera de Ruby on Rails en España desde 2006, con la que comparto muchos valores, como la honestidad, la transparencia, el compromiso, el disfrutar con lo que hacemos, el learn by doing y el arrimar el hombro para aportar al bien común.

Hace unos años estudié trabajo biográfico, una disciplina de carácter terapéutico donde empecé a aprender, entre otras muchas cosas, a ver las crisis vitales como una fuente de información muy valiosa y a convivir con preguntas sin resolver. Los juicios fáciles sobre lo que el otro debería hacer se acabaron para mí, ya que comprendí que cada persona tiene su camino y no somos nadie para interferir en él sin una razón de peso. Esto es una regla demasiado general, pero si se tiene en cuenta en lo concreto, siempre se perciben las cosas de otra manera. Y más cuando sigues el ejemplo de personas que lo tienen bien integrado. De vez en cuando acompaño a alguna persona a recorrer su biografía para que encuentre las respuestas que necesita en su momento vital y encare el futuro con sentido y motivación.

No he terminado la carrera de música, pero mis padres me abrieron la puerta de lo que ahora es un camino largo, profundo y lleno de sentido para mí, la musicoterapia, co-organizando una formación en España. A la vez, después de haber cantado mucho tiempo, dirijo varios coros de aficionados, orientando las sesiones al crecimiento personal a través de la voz, la escucha y las dinámicas grupales.

Cuando ahora me pregunto qué es lo que quiero hacer en la vida, me doy cuenta de que no estaba mal encaminado, aunque me faltaba preguntarme el para qué:

¡construir cosas útiles… para ayudar a los demás!

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