El otro día mi amiga Ismary comentaba con cierto tono cariñoso que no comprendía bien por qué los ingenieros teníamos que hacer cosas con las manos de vez en cuando.

Yo creo que trabajar con las manos implica poner en marcha nuestra voluntad hacia un fin muy concreto. Y eso, especialmente a las personas que están mucho en el pensar, nos viene muy bien.

Hace tiempo, la Dra. López Barrasa nos recordaba en un taller de musicoterapia cómo la visión ampliada del ser humano que aporta la antroposofía define tres polos de actividad:

  • polo neurosensorial: ubicado en la zona de la cabeza, donde están los sentidos principales, asociado a nuestra capacidad de pensar.
  • polo rítmico: ubicado en la zona intermedia de corazón y pulmones, donde parece que residen las fuerzas vitales y asociado a nuestro sentir.
  • polo metabólico – locomotor: ubicado en la zona de la tripa y las extremidades, asociado a nuestra voluntad.

La idea inicial de este sistema de salud es sencilla: las actividades que hacemos no deben estar polarizadas; si estamos mucho en uno de los polos, podemos compensarlo moviendo el polo opuesto o activando el polo intermedio para que las fuerzas vitales fluyan de forma equilibrada.

Como ingeniero, le doy mucho a la cabeza. Desde que empecé a estudiar mi carrera, he ido adquiriendo una capacidad de análisis importante. Por eso, para compensar ese polo del pensar, la musicoterapia y la música en general me hacen tanto bien, entre otras cosas como hacer deporte, cocinar, atender la casa o moverme en general. Y es cierto que necesito hacer cosas con mis manos de vez en cuando, poner en marcha mi voluntad. Si no, parece que me estanco, me quedo frío, como si me esclerosara, lo cual tiene todo el sentido si profundizamos en las características del polo neurosensorial en oposición al polo metabólico – locomotor, que evita mi polarización en el pensar.

Para mí, es saludable dejar de pensar cada día, para luego volver al día siguiente. Todos lo sabemos, es necesario esa “desconexión”. Esta triformación médica lo expone con más fundamento, aunque no hace falta que sea muy científico, todos lo sabemos porque hemos tenido la experiencia.

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